El Teleportarium era un santuario silencioso. Solo el siseo generado por los contenedores de energía y los pasos apresurados de los servidores rompían la ****calma monacal ****previa a la batalla. Los colosales guerreros Astartes, enfundados en milenarias armaduras de combate, esperaban inmóviles como estatuas de un templo. El brillo feroz de sus visores indicaba que no eran meros ornamentos. A través de un vococanal interno, el hermano adalid Damocles recitaba los ritos de batalla con el resto de sus hermanos.

El Señor de la Hueste Sigfredo participaba en las letanías y juramentos, pero su mente transhumana conseguía al mismo tiempo gestionar los avatares de la batalla que rugía miles de kilómetros bajo sus pies, en el planeta Sidonia X. Dentro de su venerable armadura de Exterminador podía acceder a los distintos canales de comunicación, comprender el flujo de batalla y dar las órdenes que fueran precisas.

Estaba razonablemente satisfecho con la marcha de los acontecimientos. Los iconos que representaban a sus hermanos de batalla se desplegaban en torno a la Catedral Magna Sancti Flama, el objetivo final de toda la operación. Demasiado pronto según el plan original, pero el devenir del combate lo había hecho completamente necesario. Las fuerzas del XVIII Regimiento Blindado de los Perros de Kalak habían tenido éxito en la primera fase de la ofensiva y habían sobrepasado los anillos externos de defensa tras un bombardeo intenso de artillería. Incluso habían hecho brecha y llegado al perímetro interior de la Catedral, allanando el camino para el asalto de los Marines. Pero todo su esfuerzo se había desmoronado cuando la propia catedral había vomitado una fuerza de No Nacidos, obligando a los ángeles del emperador a entrar en acción.

“No es lo deseable” pensó el veterano guerrero “todavía no hemos conseguido que sus fuerzas principales salgan del bastión”. Agarró con tensión su espada de energía artesana. Este único movimiento no pasó desapercibido por el tecnohermano Jeremiah, de la Orden de la Cadena Exaltada. Sabedor de que el momento se acercaba, inició los protocolos previos a la teleportación y los rezos para aplacar a los ancianos espíritus máquina del mecanismo.

Sigfredo negó levemente con la cabeza mientras una runa de comunicación, con rango Primus Máximus, se iluminó en su interfaz. El Ángel del Ocaso abrió el canal para escuchar la voz del Comandante Michael Pak, comandante de las fuerzas imperiales del sector.

—Mi Señor Sigfredo— arrancó en un alto gótico refinado— abro este canal de comunicación para informarle. La situación ha pasado de riesgo bermellón a riesgo naranja. Las fuerzas imperiales en tierra han conseguido detener al enemigo. Está usted autorizado a usar sus efectivos y entablar combate con el enemigo.

Recalcó la palabra autorizado con toda la rotundidad posible. Era lo máximo que un comandante del Astra Militarum podía hacer ante un líder de los Marines Espaciales. A pesar de todo Pak era oficialmente el máximo responsable militar del Imperio en Sidonia X. Sin embargo, Sigfredo no tardó en contestar.

—Agradezco su invitación, Lord Comandante. Mis fuerzas de retaguardia en tierra están uniéndose a la batalla. Las fuerzas de vanguardia ya combaten en el perímetro de la Catedral.

La vocotransmisión quedó en silencio unos instantes. Sigfredo continuó evaluando la situación de batalla. Deseó que la runa de comunicación del Ala Espectral se iluminase. Pero debía ser paciente. Había pasado por esa situación miles de veces.

El Lord Comandante del Astra Militarum volvió a hablar.

—Su evaluación es correcta, mi Señor. Aun así, dispongo de información que afirma que el grueso de la fuerza de choque de su Capítulo permanece en órbita. Mis tecnoasesores y augures me indican que no hay motivo para no realizar un asalto total. Necesitamos de todas nuestras fuerzas para romper las defensas…

Sigfredo le interrumpió bruscamente.

—Lord Comandante, le sugiero que consiga reagrupar a sus blindados para ese asalto. He transmitido a mis unidades de retaguardia órdenes precisas para acompañar a las tropas del Astra Militarum y unirse en combate.

La respuesta tardó unos segundos en llegar.

—Recibido mi señor. ¡El EMPERADOR NOS JUZGA!

La comunicación se cerró y Sigfredo se quedó meditando con cierta amargura. Sabía lo que pensaban. Era consciente del estigma de los No Perdonados. Y quizás no les faltase razón desde su punto de vista sesgado. El hermetismo es un arma muy poderosa pero puede actuar en ambos sentidos. Los Ángeles Oscuros y sus sucesores guardan muchos secretos. Los Ángeles del Ocaso no eran diferentes en ese sentido, pero también tenían sus propias tradiciones y votos, que los separaban de sus hermanos. Sigfredo y su hueste estaban aquí y ahora cumpliendo el sagrado voto de Servicio de su Capítulo y no dejarían a sus aliados sin apoyo. Pero lo harían según las ancestrales doctrinas de combate de ****su hermandad. ****Solo así alcanzarían la victoria.

El Tecnomarine le hizo una nueva señal y un canal con la runa identificativa propia de los Ángeles del Ocaso se abrió. La comunicación comenzó a decodificarse mientras que el hermano Jeremiah activó los protocolos de la primera fase de teleportación. La energía acumulada durante ese momento se liberó de tal manera que estallaron arcos voltaicos en forma de grandes lenguas que lamían la adamantita de las armaduras. Los hermanos de batalla se movieron al fin, sabiendo que el momento estaba próximo.

Sigfredo escuchó la voz del hermano adalid Oran, del Ala Espectral. La llamada que estaba esperando llegó clara y concisa.

—Protocolo de la Mano Oculta ejecutado con éxito, hermano. Todos los objetivos del mando Astartes Heréticos localizados y marcados. Dispositivo colocado y listo. ¡Confirmo Términus! Repito, ¡confirmo Términus!

La orden Términus recorrió las comunicaciones de los hermanos exterminadores como una onda expansiva mientras las órdenes e información de batalla se activaban siguiendo protocolos milenarios en sus armaduras. Las barras de antimateria que contenían la energía disforme requerida para el salto comenzaron a retirarse. Los servidores zumbaron incomprensibles letanías en binario. El hermano Jeremiah manejó el panel e indicó un minuto estándar para el evento.